Acerca de La Estación

Un vicio de Estación


“Aquí hace menos frío que en la calle…”.
(Pedro Guerra)

local_laestacion

La idea inicial fue juntar a todos quienes compartiéramos las horas nocturnas después del encierro de las aulas universitarias. Quizás por entonces no era posible vislumbrar todo lo que en aquellos días iba incubándose en nuestras formas de percibir la vida, las calles, la ciudad.

La Estación de hace siete años fue un ‘cuchito’ enclavado en una callecita de La Mariscal, un espacio de tres por ocho metros, a lo mejor, que estaba junto al Mayo 68, el bar del Mao. La cocina era apenas un parapeto de mesón acomodado al fondo del cuchitril. La barra era algo así como un brazo doblado donde se asentaban los mentones y las penas de decenas de universitarios saboreando el placentero aroma de la libertad fuera de la casa de familia, fuera de clases, fuera del tiempo; era también el confesionario exento de censura, como suele ser la barra de todo buen bar. Ahí fue donde hicimos sonar algunos de los primeros acordes en público, los primeros cantos comunales y los encierros de madrugada; evocábamos al Cavern Club de Liverpool, a las peñas de esa Santiago donde cantó Víctor Jara, Viloeta y Nicolás, los primeros versos se alistaban en servilletas y en la piel, hacíamos nuestras primeras bandas, nuestras canciones… Los primeros cuadros, las primeras recetas de cocina; los actores y los aprendices de actores embadurnaban sus ideas aún caóticas en torrentes de alcohol. Ahí dentro nacieron y murieron amores y hasta hubo zapateada continua cuando de sentir el calor sanguíneo de la tierra se trataba. Pero su tiempo de vida fue tan corto como lo era su espacio físico. Ocho meses después ese habitáculo de orfandades y promiscuidades variopintas empezó a existir en la memoria, en la necesidad que el adaptarse al mundo sembraba en los espíritus. Así que había que resucitarlo. Ya el tiempo de las aulas había pasado.

gente_laestación

La Estación reinaugurada el 27 de agosto del 2008 es ese cúmulo de recuerdos y de ideales sobre un modo particular de vivir el mundo, la música, la poesía y las imágenes. La Estación es un compromiso con nuestros espíritus, con nuestras libertades; es un acto vital que estaba en etapa de germinación mientras aprendíamos a sobrevivir y a sobrellevar el mal humor de hacer lo que no nos placía. Es la sala de una casa más amplia, porque nos dio la gana de ampliar la familia y recuperar la memoria; es el punto de llegada y de partida, un destino donde confluyen todas las formas del tiempo para restarle importancia a ese tiempo del mundo exterior. La Estación es un alto en el camino, pero es también el vértigo. Es un semillero, un útero, pero también un final como de circo. Por eso hay música en vivo, guitarreadas espontáneas, mimos que emergen de una silla en medio de un par de copas para hablar en silencio, clowns, actores que dejan sus personajes dormidos para recordarse cuando no eran actores, poetas, magos, nostálgicos del buen rock clásico, salseros de cepa, tarólogos, todos los ex, cuentistas y cuenteros, acróbatas…

Arte-Agosto

La Estación es un vicio. Lo es, porque adentro se reproducen y se recrean los recuerdos y los futuros como si todos nos metiéramos en el hilo circular de todas nuestras múltiples vidas, como si tejiéramos la memoria colectiva necesaria para recuperar y reunir por fin a todos los miembros de la tribu.

Sorry, the comment form is closed at this time.

Sorry, the comment form is closed at this time.